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Blame Borges

Me pregunto que harían esos hombres de enterarse, de leer, cualquiera de los textos que me inspire su paso, su incandescencia, en mi vida. ¿Cómo es posible que ninguno se haya sentido afectado? Esta idea: lo que escribo es – lo que uno escribe es – aquello que desearía recibir en voz alta. Soy narradora porque no soy destinataria. (Curiosa revelación: está la palabra ‘destino’ en destinataria). Una vez, frente al extraño caso Ou, literalmente frente a él, le dije: ‘escribí un poema terrible’ a razón de vos, debía agregar,  pero confiaba en las implicaturas del lenguaje (uno nunca debe confiar en las implicaturas del lenguaje, pero acaso mi mirada y mis devaneos neo románticos fueron más que suficientes). Magia Nera, se llama, le dije, torturadora injusta, como si darle un trozo de lo que yo juzgaba megalómanamente una obra de arte fuera una suerte de, ya extorsión, ya venganza, ya confesión de pecados. Ya muestra (siempre es un show en el que la gran espectadora soy yo): mirá lo que me hiciste, mirá, y con eso, yo hice magia. He aquí una alquimista.

Un poco sería desear, y esta vez desearlo verdaderamente, que llegue aquel que me arrebate de las butacas y me fuerce a verlo mirarme. Mitsumetteru.

Leo una simetría alarmante en todo. ¿Qué me llevó la última vez a no alejarme? A debe reunir los atributos de un Arthur en guerra.

Si entonces lo que escribo es aquello que quiero leer, no estoy deseándoles a mis interlocutores otra cosa más que un amor desgarrado y narcisista. Interesante, fascinante (esta palabra es de él; y eso, el hecho de que en una suerte de halago yo los haga propietarios de ciertas piezas del lenguaje. Es casi decirles: no te doy mi amor – ay, pero te juro que te lo daría – pero te doy algo muchísimo mejor: la propiedad de una palabra en mi lexicón), es el hecho de que la femme que los conquista es la misma que, desnaturalizada (o revelada?), los pudiere espantar. 

Yo pensaba, fascinada, que esta vez era un poco distinto. Que dada la conexión “(casi) especial” que teníamos, esta vez podía ser yo la lectora de cartas del dolor. O al menos, que estaríamos a la par. Voilá, hallar un contrincante en las letras.

A: Vos crees que sos tan inteligente, tan literata. Vos crees que me superás. 

La necesidad, lacerante, de exorcizar (siempre exorcizar) esto en las letras. No sé si podría vivir sin escribir, pero sí sé que definitivamente me moriría. (<-- ¿no es curioso, además, esa manía por cuestionar el porqué de un hábito que llevo en la sangre? Hay entonces alguna diferencia entre escribir y respirar, siendo que interrogo de manera constante al primero y de manera nula al segundo. Es, también, como si escribir me implicara un costo: el costo de la herida abierta o el costo de la herida por escocer).

Imposible abandonar la imagen de una (de miles de) serendipia(s). La teoría del Gran Autor, creada – lógicamente – por mí, la teoría en que el mundo no es sino una pequeña casa de infinitas habitaciones y pasos nada nada errantes. La teoría de que hay una trama (vivir la vida en la literatura) y que, invariablemente, el escritor no he sido yo.

Una ridícula obsesión por reconstruirlo todo. Una exultante (in)felicidad en reconstruir el escenario del suceso; revivirlo, como si ir por las mismas calles y pasar las mismas páginas de los libros (vestir la misma ropa o dejar caer los mismos aros) pudiese devolverme el paraíso perdido. Borges: no hay otros paraísos que los paraísos perdidos. Construcciones de mí: una jugadora, estratagema (Decirme: hay que hacer esto, construirme como una voyageur inasible, untouched, unseen). Una absoluta romántica, una suerte de “te lo digo todo”. Una espía: escena en la que averiguo datos subrepticiamente sin revelar mi interés. La calle Florida como metáfora de mis excavaciones por los recuerdos, como si coleccionando souvenirs pudiese obtener una especie de marionette de lo ¿perdido?

Quiero perdurar de él todas sus ideas. Quiero estar con él. Quiero descubrirlo.

“Con El Hacedor bajo el brazo”, me dice quien fuera otrora mi gran director. Hay una circularidad patente en todo esto (imposible rechazar la idea de una trama). 
- Similar condición laboral (esta vez no renuncié sino que tomé vacaciones).
- Similar, muy similar estado mental (total la tête dans les nuages)
- Similar destino: Europa.
- Similares personajes: una confidente en mi hogar, Go, A, el mismo director. 

¿Quién es diferente? Yo.

James Joyce. Acaso un poco mejor fuera el hecho de que mi escritura refleja el caos abisal de mi interior. Ya no las imposturas.
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Comments

creo que chequeas más esto que el foro la-ciel.com

simpleza: ctrl C + ctrl V

Encontré tu live journal buscando canciones bien traducidas de L'Arc y lo que me llevó a creer que estaban bien traducidas las letras fue que entendes perfectamente (o estas bastante cerca) la cabeza de ese hombre llamado Hyde.
Te seguí un tiempo en tu journal y después dejaste de escribir y me quise morir porque no estabas traduciendo mas!
Y ayer me acordé de tu página porque estaba 99% segura que habías traducido Bye Bye en algún momento.
Y como Bye Bye es mi más reciente obsesión, quería saber bien que decía (mi japonés es extremadamente básico, estudié dos años y lo que me llevó a hacerlo es entender las letras de L'Arc).
Anyway, encontré tu journal, busqué Bye Bye y la encontré. Me puse a escucharla y si... despues de tanto años, Hyde cambió la letra y entré al foro a ver si estaba la letra actual y me di cuenta que eras la misma persona!
Gracias por traducirlo! Hay letras que son un desastre y además de que son un desastre, no entienden a lo que va Hyde.
Eso, bye bye! =P