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Definiciones 2.


 

Miedo cotidiano: fase del miedo preformada en el siguiente escenario; esta usted sola, completamente sola en el palier de un atractivo (y por lo mismo, frío y yermo) edificio ajeno. Con la infructuosa impericia que la caracteriza, usted ha tratado de abrir la puerta del departamento al que debe y quiere ingresar, pero aquella empresa apoteósica la ha llevado a sentarse sola, completamente sola, en los peldaños de una brillante escalera de mármol. A su alrededor todo es art nouveau. Tras comprobar que su teléfono celular - artilugio detestable – carece de retorno, señal, antena o mera utilidad, usted se ha resignado a esperar cual Rapunzel en la torre, solo que la torre no es torre sino temible alcázar urbano y postmoderno, en el mismísimo corazón de una de la ciudades mas corruptas y pecaminosas del mundo. Usted se encuentra ligeramente perturbada, pero cómo le cabe el papel de doncella a la deriva en la penumbra de una fortaleza cualquiera. Comprende tempranamente que de lo que se trata es de matar el tiempo; extrae así un ejemplar randómico de las tan cuestionadas Altas Letras, y retoma su acuciante lectura. En ese principio ilusorio estaba, cuando se apagan todas (pero todas y todas) las luces del recinto.

 

 

 

Estupidez innominable: … el charming prince llega, efectivamente, y no tan tarde como usted lo había estimado. Ya se encontraba usted en la mitad de la cuarta o quinta desesperación, no sabiendo bien a cuál de las siguientes causas atribuírsela: si a la soledad persistente en la torre art nouveau, si a la osadía de esa maldita cerradura que no quiere abrir bajo ningún método de tortura, si al incesante repiquetear de sus tacos de 7 centímetros (arúspices de una caída imperiosa 5 escalones abajo), si a la súbita oscuridad isómorfica entre su alma y el ambiente, o bien a las reiteradas interrupciones de esa novela que le gusta pero en la que no logra sumergirse. El charming prince llega, entonces, y con él la confirmación de su rubia y femenina estupidez: ha estado usted todo el tiempo en el piso equivocado. Con razón, dice.

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